16 nov 2016 pegatinas

un político es como una pegatina reproducida innumerables veces 
su sueño es cubrir el espacio público, es decir, el mental, con su imagen.
En su obsoleta democracia sin ideas, sin creatividad, su monótona imagen de político de saco o vestido constituye su mayor poder 
porque su discurso está vacío, a veces lleno de odio, pero por lo general vacío (el odio y el vacío se confunden en lo furioso al no sentirse correspondidos)
Que angustia de artista callejero deben sentir los políticos,
difundiendo su imagen, jugando al poder con sucios medios
hablándonos como idiotas, actuando como si no existiéramos,
convirtiéndose en la imagen de la pegatina
no saben que el alma se hace cada vez que un papel arrugado, con su cara impresa en él, rueda llevado por el viento hasta terminar en alguna alcantarilla.
¿A quién representan? ¿Por qué están tan seguros de que saben qué es lo que hay que hacer?
por eso todos terminan pareciendo máscaras mortuorias,
meros cauchos poseídos por reptilianos transespecistas de congresos y senados, ministerios y presidencias
sois unos cauchos, escúchenlo de mi, cauchos inanimados
no nos representan, no son capaces de representarse a ellos mismos, en su interior sólo quedan pegatinas, por eso el horror metafísico de cada selfie del mundo, pegatinas representando un estado de cosas abominable, injusto, que asesina con nuestro silencio cómplice.
¿político o arte callejero? una imagen repetida, efímera, aguardando a ser arrancada por algún vagabundo, cubierta de hollín y de afiches que anuncian un futuro mejor,  olvidada en el ruido de la máquina a cuya cabeza algún día quizo estar, y ahora no está y ahora basta.


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