26 nov 2016

Y qué si llevas treinta años creyendote daltónico y resulta que estabas ciego
si a un taxista dios le tocó el pito para que no se masturbara más con la foto de leonel álvarez
si los que pegan afiches de afiliación a la salud no están afiliados a la salud
"vea, yo le voy a decir la verdad pero no se puede comentar mucho... la mezcla de los afiches se hace con almidón, agua y soda cáustica" sonríe mientras me muestra pedazos de sus manos en carne viva:
"por eso son tan difíciles de despegar".
Y qué si la omnipresencia de las cámaras se camufla en hacer un youtuber de cada niño.
Y qué si la realidad virtual deriva en una membrana del mundo en donde cada lugar y tiempo mapeado permite a viajeros del futuro recorrer nuestro devenir y de paso desfigurar el trayecto de nuestros fracasos debido a la alteración sutil de los campos cuánticos. 
Y qué si a la vez que se despliega la noción de la interdependencia de las formas de vida, se comienza a buscar un mundo donde la vida entera se manifieste de manera radicalmente diferente, aislándose y reduciéndose a la resolución y capacidad de procesamiento de un dispositivo dado.
Y qué tiene que te cause terror si es real que los transehuntes sin ninguna posición ante la tecnología terminaron todos encorvaditos sobre la pantalla de su móvil a donde quiera que vayas, se prefiere la música al ruido de un motor o al logo sonoro del metro que parece para perros de pavlov -y a veces con razón- pero a costa de ignorar los chismes, las voces, las alteraciones. 
Y qué si son ellos los que compran cucos en Laura, leen el Colombiano, mercan en el Éxito, van al cine a ver "Colombia salvaje", votan siempre por el cacique y temen siempre el garrote del jefe.
Y qué si después vienen a decirme que les hubiera encantado estudiar artes plásticas y ser "picassos"
¿Y qué?

  

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