El próximo conejillo

Todo el mundo es artista, nadie tiene trabajo.
El Coleta

Hay que hacer las cosas de otra manera.
Gracias a este man, Julián, por ponerla en claro el día del taller de cocina: no podemos pretender acabar con el corrupto sistema de alimentación actual declarando el totalitarismo de lo orgánico. Esa era mi metáfora inicial: no tiene sentido pasar de una jaula a otra, por eso hay que hacer las cosas de otra manera. Pero entonces vos me decís que estoy rechazando los beneficios de mi trabajo, vos te reís porque no quiero entregarles lo que con tanto amor he venido cantando en bares desconocidos, en apartamentos arrendados, en borracheras, y sostenés que lo más consecuente es que yo me sienta honrado y feliz de que vengan a tratarme como mercancía. Yo quiero replicar, pero ahí sacás tu pregunta estocada: Y si no, ¿cómo vas a solucionar la sobrevivencia?
Sobrevivir nos lleva a eliminar la contradicción que encierra incorporar los productos de la imaginación en el orden económico, todos los vectores de la líbido actúan como atrapados en una burbuja productiva.
Lo curioso es pasar a defender lo que nos coacciona: ya que las cosas son así, voy a sacarle el máximo provecho a lo que llegue, voy a aceptar todos los contratos, las publicidades, las invasiones. Finalmente, dices arguyendo con sutileza, es el sistema el que necesita nuestro talento para poner a circular su salvaje capital. No tiene sentido resistir, ¿resistirse a qué? ¿vender algo una vez conseguido no es acaso el fin último del racionalismo de consumo?
Igual, como nada de esto ha pasado, soy un mero hipocondriaco.
La descripción de las cosas va más como sigue: un artista desconocido produce unas canciones que le producen mucha satisfacción y a veces incluso entusiasman a quienes lo rodean. No vive de sus canciones pero estas toman tal protagonismo en su día a día que su exnovia se pregunta seriamente si no debería hacer de ello algo rentable para no colgarse tanto con las cuentas que ella no piensa tolerar. Sin más capital que sus letras, unos cuantos acordes y el apoyo de algunos alienígenas neorrealistas del documental, el humor y la filología, se dispone a hacer público ese trabajo y a gestionar, hablando con quien fuese necesario, toques, recitales, por qué no conciertos...
El vasto imperio de Youtube extiende su poder de difusión sobre la sombra de los visitantes que se acercan a mirar el esperpento, fruto de la necesidad y de las imágenes de dominio público, es decir, todo ocurre, de antemano, bajo la aquiescencia de los conglomerados que nos ven correr y jugar a las vistas y a los likes, que quién sabe si eres tú el próximo conejillo, de verdad tienes madera, no tengas miedo, es un simple pinchazo y ya está, habrás fusionado tus sueños con el oro en kilates de sus cien mil discos. El sueño de la sobrevivencia alentando el producto, la creatividad convertida en un bien líquido. ¿Pero a qué le quiero ser fiel? ¿A qué me resisto? ¿No es ese afán de mantenerse en el margen de lo desconocido una especie de delirio elitista? ¿No es lo más sensato que te sumerjas en la piscina de la cultura popular, que creas en los dispositivos del éxito y el fracaso tan bien formulados? Qué importa si tu éxito es gratuito y te lo da una posición social privilegiada, ¿no están aprovechándose de ti en otros muchos sentidos? Importa aún menos si tu éxito es trabajado, fruto del estoicismo, imagen del heroísmo pop: lo logramos, nos lo ganamos.
Dejemos que se aprovechen positivamente de nuestras siluetas estrelladas.

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