Momia-USB (6 dic 2016)

Se parasita la realidad cuando se la mete a la fuerza en un relato acomodado a nuestro antropocentrismo, partiendo del hecho de que el ántropos hipotético tiene la medida de nuestro ego. Sigo reuniendo argumentos para explicarme por qué el cine y otras formas de simulación están ocupando un lugar central en nuestra vida, y me encuentro con este documental en españolete en el que se discuten las diferentes alternativas en soportes mnémicos digitales -el adn y el cuarzo en primera fila. Tiene que ver con lo que discutíamos con J. el otro día, el fenómeno de que la escritura ha ejercido de ama y señora de la realidad, por ejemplo en la justificación de los procesos de aculturación vividos durante las colonias, y que el ejercicio de someter a la escritura todas las demás expresiones del conocimiento palpitante se fue apartando radicalmente de ese interés de mantener vivo el conocimiento por medio de la palabra escrita para llegar a la burocracia de los informes y las relatorías, el poner por delante de la experiencia a las constancias y las listas de asistencia. Pero abriendo un poco más la noción de escritura, extendiéndola al video como una tecnología sensorial inmmersiva -dándome la impresión de que en la palabra escrita los sentidos se sacrifican en función de un sentido conceptual-, vemos ese abocamiento de algunos humanos por alcanzar una participación cada vez mayor en estos relatos, una experiencia de simulación total cuyo camino a su comercialización abonan el cine, los videojuegos y la seducción de las redes sociales. Obviamente para esta absoluta sistematización de la realidad, para este encapsulamiento tiránico de la conciencia en el que los conglomerados económicos están tan interesados, se procede a calcar la realidad dato por dato. Las oportunidades de análisis y las profundas reflexiones que el cine aporta parecen resultarnos suficientes como para redimirlo de la coacción negativa que ejerce sobre nuestra propia percepción de lo real. Y en esa redención tienen mucho que ver el antropocentrismo por el que propugna y la identificación que los sujetos retratados generan al ser embutidos en un relato, en la mayoría de los casos simplista (sus logros y fracasos, sus ires y venires, sus alegrías y sus sufrimientos), en el que la conciencia se ciñe estrictamente a la percepción de los sentidos humanos y los eventos se subjetivizan, aún aquellos de índole colectiva, en pro de una inmersión, de un apersonamiento aún mayor del espectador. La pesadilla comienza viendo a la momia Nefertiti como una antigua USB. 
¿Síntomas de un materialismo que cae en una espiral de teogonías controladas?  El sueño de introducirnos en otra realidad nos aleja de la sensatez de los sentidos y del laicismo del gusto, y en ese sentido complica aún más la construcción de relaciones de equidad, amor y respeto. ¿Qué pasará con quienes nos resistamos a morir inmersos en una piscina de datos? ¿No morimos cada día lentamente concediéndole a este estado de cosas el sometimiento de nuestra experiencia?

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