Como cuando te bañas en el río Nilo y los cocodrilos te quieren abrazar con sus mandíbulas

Como cuando te bañas en el río Nilo y los cocodrilos te quieren abrazar con sus mandíbulas.

Los post que comienzan así entrañan una lógica del acontecimiento colectivo que bien puede ser un sofisma barato para llamar la atención sobre los problemas personales como una manera de encarar la multiplicidad sincrónica de eventos semejantes desplegados por la humanidad.

Por ejemplo este: Como cuando te dicen que vas a amanecer aliviada y amaneces más enferma.

En este caso la persona solitaria que postea el mensaje apela, a través de un evento tan comúnmente compartido, a la empatía por ese empeoramiento paulatino de la enfermedad que está sufriendo, -que puede ser un gripa- no obstante los buenos deseos de las personas que la rodean –que por lo demás sólo son buenos en la medida en que esperan de manera egoísta su sanación para no estar expuestos a factores contaminantes o seres frágiles-, impeliendo a todas las personas que lean el mensaje, conocidas o no, a recordar ese momento en el que ellos también creyeron que iban a mejorar y en lugar de eso se encontraron con más ronchas, más flema, más dolor, después de haberse encomendado a una noche larga con somníferos lo suficientemente poderosos como para evitar despertarse por los ruidos naturales de las cosas o el tintineo de los días en el anillo de las horas, paliativos inútiles para conseguir mejorías palpables en lo que a la propia enfermedad respecta.

¿Qué ha pasado exactamente en ese desfase entre la expectativa de mejorarme y la obcecada presencia de la peste? Desde el comienzo me pierdo en pensamientos confusos, pues no conozco a nadie que antes de dormir te diga: vas a amanecer peor. Ni siquiera el enfermo, a no ser que sea alguien verdaderamente pesimista o se encuentre en una situación grave e imposible de negar, se va a acostar pensando en lo mal que se levantará. Por eso levantarse enfermo sigue siendo algo que escapa del juicio emitido por las personas que nos rodean, de nuestras expectativas e incluso de las expectativas de quienes leen el post, es algo que no va a mejorar cuando amanezca necesariamente, como un vaticinio que se cumple de acuerdo a la posición de las manecillas del reloj de la iglesia.

Finalmente lo que pudo haber querido decir la muchacha es que se ha levantado enferma y que hay alguien que la quiere y que le ha dicho la noche anterior que amanecería aliviada, pero ese amor no fue lo suficientemente poderoso como para cambiar su situación, y quizá por eso se anima a pensar esa reflexión silenciosa y solitaria con otros silenciosos y solitarios usuarios de fesibuk, para ver si, de alguna otra manera, sumando preocupación ajena a sus problemas, logra que su ego herido deje de somatizar la gripa que la está consternando.

Los post que comienzan con el Como Cuando buscan generar complicidad colectiva en donde no la hay, forzar la situación común, crear desesperadamente una identificación en la persona que lee de pasada. Son sintomáticos del blanqueamiento que realizamos de la figura de los demás, encerrando su posibilidad de existencia entre los reveses situacionales que nosotros somos capaces de plantear.

Como cuando estás parqueando tu carro en un centro comercial y te sale un chepito.

Al  tutearnos busca transformarnos en el actor y situarnos en el escenario que el autor del post está viviendo, y en ese sentido lo que busca no es tanto compartirnos algo específico de la situación, sino más bien utilizarnos como fondo emotivo de su drama personal.


Esto también obedece, obviamente, a la ilusión que alimentamos de que el sentido de nuestras actividades solo puede ser ratificado por el colectivo, así como a la necesidad de difuminar nuestros episodios en el mar de una colectividad que nos permita eludir los compromisos éticos que tenemos con nosotros mismos. Expresa de una manera eufemística la profunda carencia de los seres solitarios, que necesitan de la identificación de lectores accidentales, en esa agonía de lo público que se ha vuelto la tiranía de la personalización técnica, para sentir que una vivencia determinada ha valido la pena.

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